Las Aventuras del Niño Tiburón
y La Niña de Fuego
(The Adventures of Sharkboy and Lavagirl)
País: Estados Unidos, 2005 Duración: 93 minutos Clasificación: A Elenco: Taylor Lautner, Taylor Dooley, George Lopez, David Arquette, Kristin Davis Director: Robert Rodriguez Productores: Elizabeth Avellán, Bill Scott Guión: Marcel Rodríguez, Racer Rodriguez, Robert Rodriguez Fotografía: Robert Rodriguez Música: Graeme Revell Distribuidor: Sony Pictures
Por Jorge Ávila Andrade Hay que decirlo de entrada: ésta película no tiene nada que ver con Mini-Espías, la anterior aventura de Robert Rodriguez en el terreno de la tercera dimensión. Mientras aquélla trata sobre chicos que trabajan como una suerte de James Bond en miniatura, Las aventuras del niño tiburón va un paso más allá, con una trama en apariencia sencilla pero que tiene su interesante trasfondo emotivo, relacionado con los sueños infantiles.
Rodríguez, inspirado por la historia que le contó uno de sus hijos, decidió transformar esa idea en una cinta bastante divertida y con referencias a La historia sin fin, aquélla cinta ochentera que marcó la imaginación y deseos de toda una generación.
Aquí, un niño, Max (Cayden Boyd) escribe en un diario sus sueños y crea a los personajes del niño tiburón y la niña de lava (sharkboy y lavagirl, interpretados por Taylor Lautner y Taylor Doodley, respectivamente), pero un buen día surge un incidente que lo mete de lleno en ese mundo que él mismo creo y del que no sabe como escapar. Como detonante de las aventuras que vivirá en ese mundo de sueños, los tres se tienen que enfrentar a un villano, Mr. Electricidad (George Lopez), quien busca - como todo buen malo que se respete - eliminarlos.
Lo atractivo del filme radica, básicamente, en el aspecto visual, pues Rodríguez crea todo un mundo onírico en el que se pueden encontrar desde ríos hechos de leche hasta rocas que en realidad son galletas de chocolate, lleno de paisajes espaciales y efectos especiales que cumplen cabalmente su función, aunque la tercera dimensión no es tan efectiva debido a la falta de calidad en los cines con proyectores convencionales.
Pero lo en verdad interesante es el aspecto emocional de los personajes: Sharkboy es un 'niño perdido' (no tiene padre, al cual busca afanosamente) y Lavagirl sufre problemas de comunicaciòn e interacción con los demás por derretir, literalmente, todo lo que toca.
No obstante, Max es el eje del filme y el que mayores cambios tiene a lo largo de la aventura, siendo el más importante de ellos su capacidad para soñar con los ojos abiertos, lo cual deberíamos de hacer más seguido los adultos. Finalmente, el propio Rodriguez es eso, un niño grande que trabaja como cineasta, pero niño al fin y al cabo. Esa es la verdadera tercera dimensión del filme, la de su corazón infantil.
® Moviola, 2005