Tierra de Osos
(Brother Bear)
País: Estados Unidos, 2003 Duración: 96 minutos Clasificación: A Elenco: Voces de Joaquin Phoenix, Jeremy Suarez, Jason Raize, Rick Moranis, Dave Thomas, D.B. Sweeney, Michael Clarke Duncan Directores: Aaron Blaise, Bob Walker Productor: Chuck Williams Guión: Steve Bencich, Ron J. Friedman Música: Mark Mancina, Phil Collins Distribuidor: Walt Disney Pictures
Por Jorge Ávila Andrade Tras el anuncio del cierre de los estudios de animación de Disney en Florida, más otros tantos recortes en esa área y la noticia de que Vacas Vaqueras (Home on The Range, 2004) será la última película animada que producirá Disney sabrá Dios en cuantos años, el futuro de la animación tradicional es prácticamente inexistente. En pleno inicio del siglo XXI, la animación tradicional está siendo considerada tan obsoleta como lo son ahora los casettes para grabar música o los cartuchos de ocho pistas.
Ahora lo nuevo, lo “in”, lo “cool” es la animación por computadora, como lo ha demostrado el gigantesco éxito que han tenido cintas como Toy Story, Monsters Inc. o las dos partes de Shrek. Si nos ponemos a pensar que hace apenas poco más de una década de hablaba del resurgimiento de este tipo de arte (cuando Disney estrenó La Sirenita), o que en 1991 La Bella y la Bestia se convirtió en la única película animada que ha sido nominada al Oscar como Mejor Película, es difícil creer que este tipo de cintas con las que hemos crecido ya varias generaciones, esté a punto de desaparecer.
Es por ello que, con cierta nostalgia, decidí ver una cinta con la marca Disney en su publicidad, esperando ver un producto menor, hecho al aventón (como las innecesarias y absurdas segundas y terceras partes que la misma casa Disney hace de sus películas exitosas para que sean vendidas directamente en video, sin respetar la calidad de animación e historia del original en que están basadas) y que diera la razón a todos aquellos que alegan lo que acabo de escribir líneas arriba.
Para mi sorpresa, Tierra de Osos (Brother Bear, 2003) es una verdadera joya que demuestra que el problema no radica en si la animación es a mano o realizada a través de software, sino en tener una exquisita e inteligente historia para ser llevada a la pantalla grande. Con esta cinta, Disney demuestra por qué ostentó durante décadas el título de “la casa de los sueños”.
La premisa de la película es simple pero conmovedora: en una época ancestral existían tres hermanos, Sitka (voz de D.B. Sweeney), Denahi (Jason Raize) y Kenai (Joaquin Phoenix), de los cuales el primero fue muerto por un oso. Con rabia en su interior, Kenai decide vengar a su hermano e intenta cazar al animal que, supuestamente, lo mató. Sin embargo, los espíritus de la naturaleza evitan una injusticia al convertir a Kenai en aquello que más odiaba: un oso.
Para su mala fortuna, Denahi cree que ese oso es el que mató a Sitka, por lo que inicia una casi tragedia griega en la que un hermano intenta matar a otro, todo con el ánimo y el deseo de vengar a su familia. En su huída, Kenai-oso conoce a un huérfano cachorrito, Koda (Jeremy Suarez), a quien detesta de inicio pero quien termina enseñándole las bondades de los osos. El problema sigue siendo que Kenai es humano y su hermano está tras su piel.
De una manera inteligente y profundamente conmovedora, los directores Aaron Blaise y Bob Walter desarrollan el guión de Steve Bencich y Ron J. Friedman en el que se muestra como algunos de los aspectos más negativos de la naturaleza humana como el odio irracional, la frustración, el deseo de venganza o la no aceptación de nuestras propias virtudes pueden llevar a realizar actos cuyas consecuencias pueden llegar a ser terribles.
La animación es exquisita, aunque nada comparado con los trabajos de Disney a inicios de los 90, cuando Jeffrey Katzenberg era el mandamás. Sin embargo, destaca la belleza de los paisajes y el trabajo de expresiones de los personajes, principalmente en Kenai y Koda, quienes demuestran ser más humanos que muchos actores reales de otras cintas.
Pero más allá de eso, el mensaje que contiene el filme es lo que verdaderamente lo hace entrañable. Con elementos tomados de cintas como Pocahontas (la hechicera del pueblo es idéntica a la abuela sauce) o Danza con Lobos, el filme demuestra como siempre se tiene que ver las cosas desde diferentes puntos de vista. Aquí, ni Kenai ni su hermano serían los mismos de no ser porque encuentran en el otro, en el “agresor”, en el que “no es como nosotros”, muchos de los valores inherentes a su propia naturaleza y muchos otros que se convierten en un descubrimiento que los convertirá en hombres, sobretodo a Kenai.
El desenlace, con todo y secuencia final donde la voz del narrador relata la forma en que Kenai se convirtió en hombre, es de las más memorables y sentidas en la historia de Disney. Así, de ese calibre es el trabajo de Tierra de Osos, que desde ahora se convierte en una de esas joyitas que no pueden faltar en ninguna colección personal y cuyo valor seguramente será reconocido en los años por venir… quizá cuando la animación tradicional sea solo cosa del pasado.
Pero con ejemplos como éste, esperemos que esta forma de arte simplemente vaya a estar en periodo de descanso para regresar con nuevos bríos. La imaginación de los cinéfilos presentes y futuros lo merece.
® Moviola, 2004