El Luchador
(Cinderella Man)
Poster
País: Estados Unidos, 2005
Duración: 144 minutos
Clasificación: B
Elenco: Russell Crowe, Renée Zellweger, Connor Price, Paddy Considine, Paul Giamatti
Director: Ron Howard
Productores: Brian Grazer, Ron Howard, Penny Marshall
Guión: Cliff Hollingsworth y Akiva Goldsman
Fotografía: Salvatore Totino
Música: Thomas Newman
Distribuidor: Buena Vista Intl.
Por Jorge Ávila Andrade

El mundo necesita héroes. En los precarios tiempos en los que vivimos, la humanidad necesita que le recuerden, aunque sea a través de la pantalla de cine, las cosas positivas que puede llegar a realizar y que siempre hay esperanza de una vida mejor. A pesar de su espantoso título en español, El Luchador (Cinderella Man, 2005) cumple cabalmente con ese propósito. No se trata tanto de una película deportiva basada en la vida de un boxeador de principios del siglo pasado, James Braddock, sino de una gran historia de amor y coraje que seguramente tocará varias fibras sensibles en la audiencia. 

Hay que señalar que la cinta se puede gozar mucho más si nos remitimos al sentido de su título original en inglés, Cinderella Man, el “hombre cenicienta”, pues a final de cuentas la vida de Braddock fue eso, la versión masculina del famoso cuento, tal como lo demuestran Ron Howard y su guionista de cabecera, Akiva Goldsman. 

Con varios elementos argumentales similares a los de Rocky, la trama presenta la vida de un noble y bien educado boxeador (Braddock, interpretado con maestría por Russell Crowe) quien, durante la época de la Gran Depresión estadounidense, tuvo que regresar al cuadrilátero no para convertirse en campeón, sino para poder obtener unos cuántos dólares con los cuáles sostener a su familia.

Más allá de si el filme es o no la típica historia sentimentaloide y muy estadounidense del hombre que supera los retos, la cinta de Howard merece un lugar especial dentro de su filmografía. No es su mejor trabajo, pero sí uno de los más emotivos, en particular gracias a una sólida actuación de Crowe, quien literalmente se transforma en su personaje y demuestra el porqué es uno de los mejores actores del mundo. 

El mérito de lo anterior se debe principalmente a la pericia de Howard, quien ha sabido canalizar la contenida agresividad natural del actor hacia otras emociones, logrando sacar esa parte sensible que le ha valido ya un Oscar (Una mente brillante) y el reconocimiento de la crítica. Injusto sería dejar de lado el gran apoyo del elenco, donde Zellweger y Giamatti se convierten en los dos pilares (en todos sentidos) que sostienen a Braddock durante los peores momentos. 

El Luchador es, finalmente, un cuento de hadas necesario para el cinéfilo que tiene que padecer películas pretenciosas o agresivas que no ayudan en nada a su crecimiento emocional. El mundo necesita héroes, aunque estén hechos de celuloide.
 

 ® Moviola, 2005