Un Día Sin Mexicanos
(A Day Without A Mexican)
País: México / Estados Unidos, 2004 Duración: 100 minutos Clasificación: B Elenco: Caroline Aaron, Yareli Arizmendi, Eduardo Palomo, Fernando Arau Director: Sergio Arau Productor: Isaac Artenstein Guión: Sergio Arau, Yareli Arizmendi y Sergio Guerrero Fotografía: Alan Caudillo Música: Juan Colomer Distribuidor: Videocine
Por Jorge Ávila Andrade Para nadie que viva en México es desconocido que una de las fuentes de ingresos más importantes que tiene el país, aparte del petróleo, es el dinero que entra proveniente de Estados Unidos. Específicamente, de nuestros paisanos que viven allá trabajando de lo que sea gracias a la falta de oportunidades que el gobierno propio ha dejado de crear.
Sin tratar de hacer de esto un estudio socio-económico de ningún tipo, es justo decir que de todos los mexicanos que se encuentran viviendo y trabajando del otro lado del río Bravo, los que mayores aportaciones generan no solamente a México sino al propio Estados Unidos, son lo que residen en California. No en balde la economía de ese estado está catalogada como la décima a nivel mundial.
Luego entonces, la pregunta que sirve como punto de partida para la historia que nos presenta Sergio Arau es obligada: ¿qué pasaría con nuestros vecinos del norte si de repente un día desaparecen sin más los mexicanos que laboran allá? ¿serían capaces de sobrevivir? ¿seguirían funcionando igual o se darían cuenta entonces de que esas personas a las que suelen ver con ojos de desprecio y de lado, a veces ignorando su existencia, son más que necesarias para mantener el status quo – el famoso american way of life – del que tanto gozan y pregonan?
Con todo lo anterior en mente, Sergio Arau (para quienes no lo conocen, es hijo de Alfonso Arau y líder fundador de una de las bandas de rock más divertidas que existieron en los 80, Botellita de Jeréz, además de ser caricaturista político y muchas otras cosas más) y su esposa, Yareli Arizmendi, decidieron realizar un documental en 1998 titulado precisamente Un Día Sin Mexicanos, mismo que dio origen al filme del mismo nombre que en este momento nos ocupa.
La trama es más que sencilla y divertida: cierto día, una extraña nube de color rosa cubre los límites estatales de California, impidiendo que nada ni nadie entre o salga del estado. A esto se suma la repentina desaparición de todos los mexicanos (de hecho, prácticamente de todos los latinos) que trabajan legal o ilegalmente en el mismo, lo que genera de inmediato un caos productivo, pues no hay nadie que coseche las tierras, ni que lave los coches, ni que ayude en las casas ni que despache en los restaurantes, etcétera.
Desaparecen todos menos una reportera de nombre Lila Rodríguez (Arizmendi), quien de inmediato se convierte en el foco de atención de los medios de comunicación e incluso del gobernador interino del estado, quien ordena se le realicen exámenes médicos con la intención de descubrir la razón por la que no desapareció y encontrar la forma de hacer que regresen esas personas que normalmente suelen despreciar pero que son esenciales para su modus vivendi.
Tanto Arau como Arizmendi han sufrido en carne propia la discriminación de una sociedad como la estadounidense, por lo que la cinta trata de concienciar de alguna forma no tanto a los latinos, sino al público anglosajón, de la necesidad que tienen de los mexicanos para poder vivir como hasta ahora lo han hecho.
Sin caer en manipulaciones ni chantajes de ningún tipo, sino por el contrario, echando mano del humor tan característico de nuestra gente, Arau va dibujando poco a poco esta cinta que, presentada a manera de documental, va tocando ciertas fibras y temas que por lo general son vedados o menospreciados tanto por autoridades mexicanas como estadounidenses, poniendo el dedo en la llaga de una forma amena, divertida y sin mayores pretensiones.
Si bien es cierto que hacia la segunda parte el filme llega a caer en el melodrama, bajando el ritmo frenético de la primera hora, esto es necesario para crear un poco de conciencia en el espectador. No es un drama ni una comedia abiertamente, lo cual obra en su contra, pero tiene la honestidad de ser una divertida y, por momentos compleja, denuncia de los maltratos y desprecio a los que son sometidos nuestros compatriotas en el extranjero.
No llega a profundizar abierta y descaradamente en ciertos temas, pero a final de cuentas no es esa su pretensión. No es un reportaje de denuncia, sino una simple comedia que busca abrir aunque sea un poquito los ojos respecto de la importancia del mexicano trabajador en Estados Unidos.
Tampoco es una película que va a ganar ningún tipo de premio ni nada por el estilo, pero cuenta con el enorme corazón de Arau por delante, simplemente por lo cual debe ser tomada en cuenta y apreciada en su justa magnitud.
® Moviola, 2005