Golpe de Suerte
(Just My Luck)

País

Estados Unidos, 2006

Duración

103 minutos

Clasificación

B

Elenco

Lindsay Lohan, Chris Pine, Samaire Armstrong, Bree Turner, Faizon Love, Missi Pyle, Chris Carmack, Mackenzie Vega

Director

Donald Petrie

Productores

Arnon Milchan, Bruce Willis

Guión

I.Marlene King y Amy B. Harris

Fotografía

Dean Semler

Música

Teddy Castelucci

Distribuidor

20th Century Fox

 

Por Jorge Ávila Andrade 

De Lindsay Lohan se podrán decir muchas cosas, pero de que ha sabido escoger sus proyectos ni duda cabe. Desde que debutó al lado de Dennis Quaid y Natasha Richardson en Juego de gemelas, sus personajes en pantalla han tenido esa particular dualidad de ser, por un lado, ella misma, y por el otro, el de tener un encanto y un carisma que la han convertido en una de las actrices jóvenes más populares de Hollywood, así como en carne de tabloide. En apariencia, Golpe de suerte se trata de otro de esos filmes en los que el protagonista principal intercambia personalidad con otra persona y hace hasta lo imposible por recuperarla. La premisa es la misma, pero lo que se intercambia no es la personalidad, sino la suerte.

 

Ashley Albright (Lohan) es la mujer más suertuda del mundo. Nunca ha tenido que padecer en la vida porque nació con buena estrella. Es capaz de hacer que el sol salga cuando segundos antes estaba cayendo una fuerte tormenta, de encontrar un taxi al primer intento en medio de una congestionada ciudad o de ser promovida en su trabajo cuando minutos antes estaba a punto de perderlo por un error. En contraparte se encuentra Jake (Chris Pine), el tipo con la peor suerte del mundo. Aficionado a la música y con una actitud positiva, es víctima de lo peor que le pueda ocurrir a alguien: se le rompe el paraguas en medio de la tormenta, se le descomponen las cosas y un largo etcétera. Durante una fiesta organizada por Ashley, Jake se cuela a la misma para tratar de hacer contacto con un poderoso productor musical (Faizon Love) y entregarle un CD que le puede cambiar la vida. Ambos se conocen por accidente, se gustan, se besan y… sus suertes se intercambian, dando lugar a una serie de situaciones por demás chuscas que harán pasar un buen rato al espectador.

 

Aunque la trama es un tanto absurda, hay que tomarla como lo que es: una fábula sobre el destino, la suerte y la forma como los eventos que nos rodean pueden cambiarnos la vida dependiendo de cómo los aprovechemos a nuestor favor o en contra. Ejemplo de ello es Ashley, quien al verse del otro lado de la moneda aprende a ver lo difícil que es la vida y el salir adelante sin ayuda de factores externos o mágicos; o Jake, quien al tener la suerte que siempre habìa deseado la utiliza de forma positiva, no sólo para su propio beneficio sino el de los demás (es el promotor de una banda inglesa de rock de nombre McFly).

 

Ese es el punto fuerte de la historia, más allá de admirar la belleza de Lohan o su talento para la comedia física (slapstick): se trata de un filme que puede ser muy disfrutable para los que gusten de las comedias románticas, de un poco de buen humor y de una bonita moraleja final. Por el contrario, puede ser una experiencia bastante tediosa para quienes busquen otro tipo película. Donald Petrie, el director, tiene aquí la virtud de ser honesto consigo mismo y con la audiencia, pues entrega justo lo que está ofreciendo de entrada. Ni más, ni menos.

 

De Lohan hay que destacar no sólo la madurez y el atractivo que va adquiriendo con el tiempo, sino su capacidad para hacernos creer que es una chica superficial y engreída que al poco tiempo muestra sus verdaderas emociones y forma de ser. Quizá la pelirroja actriz sea así y por ello los tabloides se han dado vuelo con ella, pero por lo menos su personalidad en pantalla es, francamente, adorable. Hay que decir que el filme está dirigido más a las adolescentes que a un público más adulto, pero se puede ver y disfrutar si se entra al cine pensando en que lo que se va a ver es una película sencilla, divertida, que no pasará a la historia pero que, por lo menos, es una entretenida parábola de que la vida puede ser tan blanca o negra como nosotros mismos queramos hacerla. Si no se ve con esta idea en mente, mejor evítela.

 
 ® Moviola, 2006