Matando Cabos
País: México, 2004 Duración: 93 minutos Clasificación: B Elenco: Tony Dalton, Kristoff Razcinsky, Ana Claudia Talancón, Pedro Armendáriz Jr., Joaquín Cosío, Rocío Verdejo Director: Alejandro Lozano Productores: Bill Rovzar, Fernando Rovzar, Michaelle Fastlicht, Leslie Fastlicht Guión: Tony Dalton, Kristoff Razcinsky, Alejandro Lozano Fotografía: Juan José Saravia Música: Santiago Ojeda Distribuidor: Videocine
Por Jorge Ávila Andrade Personalmente, una de las cosas que más me han decepcionado del cine mexicano de los últimos años, ha sido esa enfermiza tendencia de productores, guionistas y directores de presentar un México lúgubre, sórdido, donde tal parece que lo único que existen son dos tipos de clases, la alta y la baja, con todas las consecuencias y lecturas que esto conlleva. No se ha sabido aprovechar hasta la fecha el impulso que Amores Perros (2000) le dio a nuestra alicaída industria fílmica, y ahora parece que todo mundo quiere seguir la misma fórmula.
Prueba de ellos son cintas como De la Calle, Ciudades Oscuras y muchas otras que se han ensañado en presentar el lado más miserable de nuestra de por sí vapuleada sociedad. Es por ello que una cinta sin grandes pretensiones como Matando Cabos (2004), se convierte en una verdadera bocanada de aire fresco que buena falta le hacía a nuestro cine. Dirigida por Alejandro Lozano – cuya experiencia previa incluye la prácticamente desconocida Germán Huerta (2002) – y con un elenco lleno de jóvenes en el que la cara más conocida es la de Ana Claudia Talancón, la cinta es un festín de humor negro mezclado con referencias al cine de luchadores (en particular a las cintas de El Santo), Tarantino y Scorsese.
En una noche cualquiera, un par de amigos, Jaque (Tony Dalton) y el Mudo (Kristoff Razcinsky), se ven envueltos en un lío con Oscar Cabos (Pedro Armendáriz Jr.), jefe del primero y padre de la atractiva Paulina (Talancón). Don Oscar está semidesnudo, inconsciente y metido en la cajuela del auto de Jaque, pues éste intenta llevarlo a su casa sin que nadie se de cuenta de lo ocurrido. Lo que Jaque no sabe es que al mismo tiempo que ellos, un par de secuestradores (Raúl Méndez y Gustavo Sánchez Parra) quería tomar en sus manos al Lic. Cabos para hacerle pagar las humillaciones hechas a quien era uno de sus mejores amigos y a quien tiene trabajando como conserje.
Las cosas salen mal y se equivocan de persona, por lo que los acontecimientos se van enredando a tal grado que de repente todo mundo está tratando de hacer las cosas correctas pero con las personas equivocadas, apareciendo en escena personajes tan singulares como Rubén (Joaquín Cosío), un ex luchador profesional conocido como “Mascarita”, su ayudante Tony ‘El Caníbal’ (Silverio Palacios) y la atractiva y sensual amiga de Paulina, Lula (Rocío Verdejo).
Lozano logra una divertida e interesante mezcla de géneros aprovechándose del original guión coescrito por Dalton y Razcinsky (a quienes seguramente algunos llegan a ubicar por el programa “No te equivoques”, de efímera fama televisiva) y de que su elenco no incluye, afortunadamente, nombres como cualquiera de los hermanos Bichir, ni a Jesús Ochoa ni a Luis Felipe Tovar. Todos ellos son estupendos actores, pero han sufrido de un exceso de presencia en pantalla, pues aparecen prácticamente en todas y cada una de las cintas – las muy pocas cintas, dicho sea de paso – que se producen en México.
Por ello, caras relativamente desconocidas o frescas como las de el elenco del filme, le brindan a los personajes la cada vez más extraña cualidad de la identificación con el público. Tanto Jaque como Mudo, e incluso Lula y Paulina, son el tipo de personas comunes y corrientes con los que la audiencia se puede identificar. En otras palabras, son como cualquier amigo o vecino con el que nos podríamos topar. Eso es uno de los puntos más fuertes de la cinta, a la que hay que agregar un estupendo uso de la banda sonora y una edición ágil que mantiene la expectación de qué es lo que va a ocurrir.
A todo lo anterior hay que agregar un par de personajes de verdadera antología, Mascarita y el Caníbal, quienes tienen a su cargo las secuencias más memorables y divertidas de la película. La pura secuencia en la que se muestra a manera de documental la vida e historia de Mascarita, desde sus humildes orígenes hasta su dependencia del alcohol, aunada a la parte en que en medio de su delirium tremens cree estar viviendo las acciones de una película del Santo (sí, con todo y chicas en traje de baño y monstruos del espacio y zombies hechos de goma) valen por sí solas el boleto de entrada o la renta del DVD.
Algunas otras referencias incluyen a Pulp Fiction o incluso a Taxi Driver, siguiendo un poco el estilo tanto de Tarantino como de Scorsese, en el que a pesar de que lo que vemos en pantalla es cruel y despiadado, no deja de tener cierto toque de humor.
Así las cosas, Matando Cabos es un estupendo ejercicio de cine realizado sin pretensiones mayores que la de entretener un buen rato al espectador, y lo logra con creces. Ojalá en lo futuro tengamos más historias de este tipo, que muestren otra parte de la idiosincrasia mexicana. Nuestro cine lo necesita con desesperación.
® Moviola, 2005