Poseidón
(Poseidon)

País

Estados Unidos, 2006

Duración

100 minutos

Clasificación

B

Elenco

Josh Lucas, Kurt Russell, Richard Dreyfuss, Jacinda Barrett, Emmy Rossum, Mike Vogel, Mia Maestro, Jimmy Bennett, Freddy Rodriguez, Andre Braugher

Director

Wolfgang Petersen

Productores

Mike Fleiss, Akiva Goldsman

Guión

Mark Protosevich, basado en la novela escrita por Paul Gallico

Fotografía

John Seale

Música

Klaus Badelt

Distribuidor

Warner Bros.

 

Por Jorge Ávila Andrade 

La obra del cineasta alemán Wolfgang Petersen se divide en dos clases de cintas: Las ‘convencionales’, tipo En la línea de fuego o Troya, en la que filma en lugares abiertos, con un gran elenco y situaciones que se prestan más para que exista un buen desarrollo emocional de los personajes, y las ‘claustrofóbicas’, que son aquellas en las que hace gala de su pericia y talento para presentar una historia en la que un grupo de personas se ven atrapados en un espcio cerrado del que no hay, prácticamente, salida alguna. Ejemplo de lo anterior son cintas como El submarino (para muchos, su obra maestra), Avión presidencial o La tormenta perfecta, en la que un desastre –natural o provocado- sirve como motor de una historia que, por lo general, mantiene al espectador al filo de la butaca y con un sentido de urgencia muy semejante al que viven los personajes en pantalla.

 

Así, no es de extrañar que sólo él pudiera hacerse cargo del remake de una de las cintas de desastres más famosas de los 70, La aventura del Poseidón, en la que un lujoso crucero termina siendo volteado de cabeza en alta mar como consecuencia de una enorme ola que lo embistió, orillando a un grupo de tripulantes a tratar de salir a la superficie antes de que el barco se hunda. En la versión de 1972, el cineasta Ronald Neame se toma su tiempo para presentar un poco de la historia detrás de los personajes (piénsese en una especie de pre-Titanic) y las relaciones que entre ellos se van desarrollando. En Poseidón, Petersen deja de lado prácticamente todo lo anterior para enfocarse en el poso tiempo que tienen para salir del barco, narrando los hechos en tiempo real y con una urgencia que, a pesar de los clichés que presenta, resulta mucho más que efectiva.

 

La historia no tiene nada del otro mundo y es prácticamente la misma: durante la noche de año nuevo, un grupo de personas que celebraban a bordo de un crucero ven como sus vidas cambian cuando la embarcación es volteada de cabeza por una gigantesca ola. La diferencia de esta versión con la de 1972 es, por un lado y de manera obvia, el elenco, que aquí no cuenta con ninguna figura de renombre con excepción de Richard Dreyfuss y, quizá, Kurt Russel, cuyos mejores épocas ya han quedado atrás. El resto son rostros nuevos (Josh Lucas, Emmy Rossum y hasta la sensual Fergie, cantante de The Black Eyed Peas), lo que le da un sentido de contemporaneidad al relato. Otra diferencia la marca, por supuesto, la producción, que aquí se nota y se ve mucho más real que en la versión original.

 

Poseidón no es una película para pensar ni reflexionar. Es una cinta para que el espectador quiera escapar junto con los personajes principales, para que sienta la misma ansiedad, la misma falta de aire y la misma desesperación que cualquier persona común y corriente tendría en una situación similar. Ese es el gran acierto de Petersen, el olvidarse de relatos intimistas que no vienen al caso, el no presentar la historia detrás de cada personaje. En una tragedia real no hay tiempo para ello. Hay que pensar en cómo salir con vida y nada más.

 

Con una duración menor a los 100 minutos, Petersen logra su cometido con creces. Quizá sean criticables los clichés utilizados (no afectar demasiado a un personaje infantil o hacer que muera un personaje de origen latino, por ejemplo), pero son situaciones que quedan de lado cuando el cinéfilo se adentra en la historia y se deja llevar por ella. Estos elementos hacen de Poseidón el típico filme de entretenimiento: palomero, sin necesidad de utilizar mucho las neuronas, bien hecho, atractivo y con el que se va a desperdiciar hora y media de la vida sin remordimiento alguno. Nadie se va a acordar de la película al poco tiempo de haber abandonado la sala de cine, pero ni falta que hace, pues acabaremos de haber vivido una extraordinaria aventura en la que salvamos la vida… aunque sea a través del celuloide.  

 
 ® Moviola, 2006